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NO EXPERIMENTES A JESÚS

Muchos lo consideran una figura histórica. Algunos otros lo califican como un modelo de tolerancia. Y aún otros, lo ven como un símbolo revolucionario que promueve igualdad social y el bienestar de los más necesitados. Pero el Señor Jesucristo es mucho más que sólo imágenes que sueñan con una visión utópica. Cristo es Dios (Jn. 20:28), el Redentor de la humanidad (Tit. 2:14), el Creador y Sustentador de todas las cosas (Col. 1:16), el Hijo de Dios (Mar. 1:1), y el Rey de reyes y Señor de señores (Filip. 2:10). Es por eso que un entendimiento erróneo de quién es Cristo invariablemente producirá una aplicación incorrecta de su persona sobre los creyentes.

Durante la época modernista, la imagen de Cristo se había definido como eso, sólo una imagen, un concepto. En el mejor de los casos era un ejemplo a seguir, “el buen maestro”- decían algunos. Pero en nuestra era post-modernista, la de-construcción de quién es Cristo seguido por la re-construcción de su figura, ha afectado a la iglesia contemporánea dramáticamente. Hoy, frases como “vive a Jesús,” “siente a Jesús,” o bien, “experimenta a Jesús,” se han convertido parte natural de la explicación de quién es Cristo. En otras palabras, Jesús es una fuente de bien, de paz, de amor, de salud espiritual y mental— utilitarismo en su máxima ponencia.

Pero ese no es el Jesús de la Biblia. Al Jesús de las Escrituras no se le experimenta. Al Jesús de las Escrituras se le obedece. A Jesús se le somete, se le sigue, y se le ama. No por los beneficios que se pueden obtener de Él, sino por el perdón de pecados que su sacrificio ofrece. El justo por el injusto (1 Pedro 3:18) nos ha llevado a Dios, y ahora le obedecemos como verdaderos esclavos de Cristo (Filip. 1:1).

Cabe recalcar, sin embargo, que éste no es un fenómeno exclusivamente visto en nuestra época. Durante el ministerio de Cristo en la tierra había miles de personas que querían los milagros del Mesías, pero no al Mesías de los milagros. Ellos querían sólo “experimentar a Cristo”sin ser sus seguidores; Querían lo sobrenatural de su poder sin tener que ponerse debajo de la soberanía de sus palabras. Esto es lo que Cristo pensaba acerca de esa superficial actitud.

“Cuando Jesús estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. Pero Jesús, en cambio, no se confiaba en ellos, porque los conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie Le diera testimonio del hombre, porque Él conocía lo que había en el interior del hombre,” Juan 2:23-25.

Cristo, siendo el Dios omnisciente (Salmo 139), sabía “el interior” del hombre. Esto hace referencia a las intenciones del corazón, las motivaciones personales que nadie más conoce, sólo Dios. Es por eso que el querer “experimentar a Jesús” es eso— un problema del corazón. Buscamos paz, tranquilidad, salud, y prosperidad más de lo que buscamos a Jesús. Somos seres espirituales, y como tales, también buscamos aplacar nuestra necesidad espiritual, ese vacío que no se satisface con nada. Y esta re-construcción utilitaria de Cristo, busca proveer, falsamente, lo mejor de ambos mundos. Promulga darte los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16) y al mismo tiempo pretende tranquilizar la conciencia con “predicar” que es Jesús quien te da todas estas cosas.

Es cierto, Cristo promete paz (Jn 14:27), nos garantiza su cuidado en todo tiempo (Mt. 6:32), y su provisión material es generosamente dada a sus hijos (Salmo 34:9). Nadie puede negar que nuestro Dios es un buen Dios. Pero acercarte a Cristo por sus beneficios, y peor aún, promover a Cristo como un “gurú financiero”, como un “mago médico”, o como un “coach de vida,” es anti-bíblico, meramente satánico.

Así que permíteme darte tres recordatorios de lo que es y lo que no es Jesús. Juntos aprendamos la manera en la que las mismas Escrituras revelan a Cristo, y desechemos toda clase de criterio que hace de Cristo, el Rey, el Hijo de Dios, sólo un cristo, el amigo de la cuadra que ayuda cuando se le necesita.

"Al Jesús de las Escrituras no se le experimenta. Al Jesús de las Escrituras se le obedece. A Jesús se le somete, se le sigue, y se le ama."

Jesús no es Mercadotecnia

No digo que no sea del todo cierto. La cantidad de denominaciones y las terribles guerras entre ellas, especialmente en Norte América, han hecho que muchos se quieran distanciar de toda controversia teológica y decir que son “simplemente seguidores de Jesús.” Como el slogan de Coca-Cola “destapa la felicidad,” muchos han querido hacer del nombre de Jesús eso mismo, un slogan. Es verdad, Cristo es el “logos” de Dios (Jn 1:1), pero Juan no lo escribió con un propósito publicitario sino más bien con un motivo revelatorio. Cuando la iglesia adopta ciertas frases que no son del todo bíblicas, el peligro es que se impregnen en la cultura de la iglesia hasta llegar a ser parte de la iglesia.

Frases como, “sólo creemos en Jesús,” o “sólo seguimos a Jesús,” ó “sólo vivimos como Jesús,” aunque pueden ser correctas en un cuidadoso contexto, son frases que al final del día buscan divorciar a Jesús del resto de la Biblia que puede sonar aburrida, arbitraria, violenta, o anticuada. Frases como esas son la entrada ideal para que herejías infiltren las iglesias y se propaguen rápidamente. Esas frases, silenciosamente, buscan separar a Cristo del “violento e intolerante” Dios del Antiguo Testamento. Buscan hacer del Cristianismo algo más amoroso, abierto, y correcto. En pocas palabras, herejía.

Hacer de Jesús un recurso publicitario es adorar a otro jesús, no al Jesús de la Biblia. Cristo nunca buscó publicidad, siempre buscó ortodoxia. Cristo nunca buscó aceptación, siempre buscó devoción. Nunca buscó multitudes, siempre encontró a los suyos. Nunca buscó mítines, siempre quiso corazones. Nunca quiso aprobación grupal, siempre quiso arrepentimiento individual. Nunca midió su éxito en números, sino en obediencia al Padre. Y, tal vez lo más importante de todo, nunca propagó sus milagros más de lo que promovió su predicación. Cristo no es un artículo de mercadotecnia, porque para que la iglesia crezca y se propague, la iglesia no necesita mercadotecnia, la iglesia necesita el evangelio.

"Hacer de Jesús un recurso publicitario es adorar a otro jesús, no al Jesús de la Biblia."

Jesús no sólo te acepta, también te transforma

Uno de las frases más populares en la iglesia evangélica actual es, “Ven tal y como eres.” La idea es simple. La iglesia “formal,” la rígida versión de “fundamentalismo” quizás, han creado una burbuja de simulación que exige a sus miembros que vivan con los más altos estándares de perfección— algo que por demás es imposible. Sin embargo, hay expectativas de “santidad” que son criterios exigidos entre sus miembros. Pero en las últimas décadas, muchos “sobrevivientes” han salido de esos círculos opresivos para formar iglesias que vayan hacia el lado opuesto. La premisa central es, “Jesús te acepta como eres.” No se exige nada, no se impone nada, y mucho menos se juzga a alguien por su estilo de vida— sólo ven a Jesús. En un primer plano, es lo que Cristo hacía cuando encontraba a pecadores. Cristo se acercaba a las personas “tal y como eran.” De hecho, llegó a tal grado que de manera despectiva se le apodó como “el amigo de publicanos y de pecadores,” (Mt. 11:19). En ese sentido es correcta la idea de que Jesús amaba a pecadores y no nada más eso, sino que marcó una clara línea que distinguía entre él y los religiosos de Israel (Jn. 5:39).

Pero el punto es que el llamado de Cristo no nada más era de aceptación, sino también de transformación. Cuando Cristo llamó a sus primeros discípulos, los llamó cuando eran sólo pescadores (aceptación), para convertirlos en pescadores de hombres (transformación) (Marcos 1:17). Cuando encontró al endemoniado de Gadara, lo recibió en una terrible condición (aceptación), para hacerlo estar “sentado, vestido y en su juicio cabal,” Marcos 5:15, (transformación). Cuando encontró a Zaqueo, lo encontró en su corrupción, avaricia y maldad (aceptación), para convertirlo en un hombre arrepentido, Lucas 19, (transformación).

Vez tras vez vemos que efectivamente Dios nos rescata “del pozo de la desesperación” (Salmo 40:2), no para hacernos sentir bien y aceptos por nuestra condición, sino para ser limpiados y aceptos por su Hijo. La transformación progresiva siempre es la marca de genuina salvación en Cristo (1 Tes. 5:23). No hacer énfasis en esta doctrina es divorciar lo inseparable: justificación y santificación van de la mano, o entonces se está hablando de otro evangelio diferente. Desde luego que esto no es una mala noticia para el creyente verdadero. ¡Gracias a Dios que al que Él rescata, también transforma!

"El llamado de Cristo no nada más era de aceptación, sino también de transformación."

Jesús es el Rey— se le acepta como Señor Absoluto ó no se le acepta

En esta versión superficial de quién es Cristo, se puede presentar a Cristo como un amigo, como un terapeuta, como una ayuda, pero frecuentemente se omite que por sobre todas las cosas, Él es Rey. Isaías, describiendo la exaltación y coronación de Cristo en el futuro, lo dice así en Isaías 53:12, “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” David describe así el reinado de Cristo en el Salmo 2:7,8, “… Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. 8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.”Y Pablo lo escribe así en Filipenses 2:10, 11, “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Cristo es la expresión de Dios en la tierra (Jn. 1:1). Cristo es la imagen del Dios invisible, el Creador de todo y sustentador de todo (Col. 1:15). Él es el León de Judá que se sentará en el trono (Apoc. 5:5) y reinará por siempre y siempre en la consumación del Reino de Dios (Apoc. 21). Cristo mismo predicó su reinado (Mar. 1:15), y por lo tanto a Cristo se le rinde adoración, devoción, y obediencia. ¡Por supuesto que es nuestro amigo! (Jn. 15:15). ¡Claro que somos co-herederos junto con Cristo! (Rom. 8:17). Pero cada una de esas facetas, nacen de la verdad central de Cristo como Rey. En ese sentido, cuando nos acercamos a Cristo, en realidad es Cristo acercándose a nosotros. Junto con Juan decimos,“nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero,” 1 Juan 4:19. Él es Rey y nosotros sus siervos. Nos acercamos a Él no como nuestro nuevo aditamento, sino como nuestro único Rey y Señor.

Autor: Josué Ortiz

CIUDADANOS CELESTIALES, EN REINOS TERRENALES

En una de las oraciones más comprehensivas del Señor Jesús, Él dijo, “no te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno” Juan 17:15. Es claro, entonces, que la permanencia del Cristiano en el mundo no es accidental sino con un claro propósito. Jesús mismo da tal propósito en el versículo 18 cuando declara, “como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo.”

De tal manera que como creyentes hemos sido enviados al mundo de la misma manera, o bien, con la misma misión que la que Jesús tuvo cuando vino al mundo, la de llevar salvación a los perdidos. Somos “embajadores de Cristo” anunciando juicio para todo aquél que no se arrepienta, y perdón de pecados para todo aquél que crea en Él. Sin embargo, no podemos ignorar que aunque no somos del mundo, sí vivimos en el mundo. Somos parte de un sistema corrupto y caído, gobernado por Satanás y por lo tanto antagónico a cada uno de los principios Bíblicos. Y desde el primer siglo los Cristianos han tenido que convivir con gobiernos locales, regionales, y/o continentales que se oponen a la predicación de Cristo y exhiben un cínico deseo de ir en contra de la voluntad de Dios a costa de incluso martirizar a creyentes. Fue esta realidad la que finalmente llevó a muchos Puritanos en el siglo XVI a dejar Gran Bretaña en busca de un lugar donde no hubiera un gobierno contrario a ellos.

Pero esto nos lleva a preguntarnos, ¿cómo debemos reaccionar ante gobiernos que son completamente opuestos a los mandamientos bíblicos? ¿Cuál es nuestra labor ante esta realidad? ¿Podemos ignorarla? ¿Hemos sido llamados a ser activistas sociales y/o religiosos? Al escuchar de la frágil situación de Corea del Norte, la terrible opresión en Venezuela, la decadente seguridad en México, la polémica política de Estados Unidos con el sistema migratorio, la desequilibrada “unión” en la Unión Europea, ¿cuál debe ser nuestra reacción? Permíteme darte 3 principios bíblicos que nos recuerdan nuestra posición y nuestra labor como creyentes viviendo en este mundo.

¿Cómo debemos reaccionar ante gobiernos que son completamente opuestos a los mandamientos bíblicos?

Toda Autoridad Política es Temporal- Dios es el Rey

No es saludable ignorar, mucho menos olvidar que Dios es el verdadero Rey, no sólo de un determinado país, sino de todo lo creado, aquello que vemos y de aquello que no podemos ver (Col. 1:16, 17). No hay presidente, rey, monarca o dictador que amenace la soberana autoridad de Dios sobre todo lo que existe. Cuando tenemos esta perspectiva, entonces recuperamos la centralidad que Dios debe tener en nuestros pensamientos.

Es humanamente natural ver videos donde se maltratan a migrantes, o de leer acerca de injusticia social, y reaccionar vocalmente para demandar justicia. Pero nosotros no somos Dios y jueces, Él es el Dios y juez de universo. Él, en su soberana voluntad observa todas las injusticias y cada una de ellas serán juzgadas severamente. Si entendemos que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efe. 6:11RVR1960), entonces nos re-ubicaremos en la dimensión de verdadera importancia, la espiritual. Dios es el eterno soberano, todas otras autoridades son inevitablemente temporales.

"No hay presidente, rey, monarca o dictador que amenace la soberana autoridad de Dios sobre todo lo que existe."

Toda Autoridad es Puesta Por Dios

Ante un gobierno abiertamente vacío de moralidad e igualdad legal, social, y de cualquier otra clase, Pablo escribe a los Romanos para recordarles que no es falta de control por parte de Dios el hecho de que estos gobernantes estuvieran en el poder. En Romanos 13:1, Pablo dice “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.” La interesante afirmación de Pablo al decir que “las autoridades que existen por Dios son constituidas” nos debe de provocar un deseo de confiar en que Dios no se ha equivocado. La palabra “constituidas” en el idioma original τάσσω se ocupa 8 veces en el Nuevo Testamento, y habla de la inamovible determinación de alguien. En el caso del texto de Romanos 13, ese alguien es Dios.

En otras palabras, Dios determina con inamovible voluntad quién gobierna en cada posición de autoridad en cada lugar del mundo. Como creyentes Hispanos, tenemos que comprender que no hemos sido llamados a ser activistas sociales o religiosos, como si Dios no viera las injusticias sociales que ocurren todos los días alrededor del mundo. Sino más bien, hemos sido llamados a ser creyentes y seguidores de Jesús. Como tales, nuestra fiel obediencia a cumplir nuestra misión, irá mucho más lejos que cualquier intento de restaurar justicia social, cuando el único que logrará tal cosa es Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores. Entiendo que en nuestra cultura hay un profundo deseo de proteger a “los nuestros.” Los núcleos familiares son realmente la base de la sociedad Hispana, incluso ya entrados en el sigo XXI. Sin embargo, “nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil. 3:20), y nuestro Rey pone y quita reyes terrenales sin que cosa alguna salga de su control.

"Dios determina con inamovible voluntad quién gobierna en cada posición de autoridad en cada lugar del mundo."

Toda Autoridad Necesita Nuestras Oraciones

Lejos de permitir que semillas de resentimiento y amargura crezcan en nuestros corazones, Pablo instruye a todo creyente a “…que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, 2 por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad” 1 Timoteo 2:1,2. ¿Cada cuándo oramos por aquellos que están en autoridad?

No podemos cegarnos ante la obvia y evidente realidad de que los gobiernos del mundo permiten y en algunos casos promueven injusticias. Venezuela está viviendo uno de los momentos más críticos y bajos en su historia. Cuba recuerda 60 años de “revolución” misma que ha puesto a muchos en situaciones de desigualdad por no decir más. Argentina, y Brasil, tienen a sus ex-presidentes en procesos judiciales. En Estados Unidos el partido conservador se encuentra de absoluta desunión y el demócrata se encuentra sin claro líder. En pocas palabras, todas las autoridades necesitan de nuestras oraciones.

De acuerdo a Pablo, oramos para poder vivir tranquilamente, en paz, y con dignidad. Pedimos a Dios por su soberano control en nuestras naciones, y que la paz del Reino de los Cielos llene los reinos terrenales. Pero, ¿cómo es posible que esto suceda? ¿No es esto una clase de utopía? Pablo responde abiertamente en el vs. 4, “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.” La única manera en la que podemos lograr vivir en completa paz y armonía es mediante la salvación ofrecida por Jesús.

El punto que Pablo está argumentando es que nuestro énfasis debe estar en la oración por todas las personas, incluyendo autoridades, con el fin, sí, de vivir piadosamente, pero siempre teniendo en mente que el medio para lograrlo es el Evangelio de Jesús. Nuestras oraciones, entonces, nos son imprecatorias en propósito, sino evangelísticas en naturaleza, no importando quién sea nuestro vecino, nuestro jefe, o quién esté en autoridad. Dios ha mandado a los creyentes, Hispanos o no, a orar por todas las personas, por reyes y por autoridades, específicamente por su salvación.

¿Nos cruzamos de brazo o ignoramos las noticias? No. Pero recordamos lo que el Puritano Richard Sibbes dijo, “todo lo que sea bueno para los hijos de Dios, lo han de tener. Porque todo lo que tienen, les beneficiará hacia el Cielo.” Pablo lo dice así en Romanos 8:38, “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Y ¿qué de aquellos que no conocen de Dios? Es allí donde encontramos la labor primordial de la iglesia: compartir el evangelio a las naciones. ¿Cómo respondemos entonces ante las realidades de los gobiernos humanos? Entendemos que Dios es el verdadero y único Rey, aceptamos que Dios pone y quita reyes, y nos comprometemos a orar continuamente por nuestros reyes. Oramos por paz, por tranquilidad, y por su salvación.

Autor: Josué Ortiz

Dios usa tus dificultades para ayudarte

Vivimos en un mundo perverso y enfermo, en el cual, a donde quiera que vayamos encontraremos diversas dificultades por causa del pecado. Familias se separan, personas enferman, niños mueren y la maldad cada día crece. Sin embargo, Dios promete a sus hijos que cada situación adversa que pase en su vida ayudará para su bien.

Algunos creyentes pueden tener la idea errada que arrepentirse de sus pecados y creer en Jesucristo como su Señor y Salvador, es sinónimo de una vida libre de problemas y tristeza, no obstante, de acuerdo con las Escrituras esto no es así, ya que hemos sido llamados a que no sólo creamos en Cristo, sino también que padezcamos por Él (Fil 1:29).

Esto no quiere decir que un cristiano tiene que ser infeliz o masoquista para agradar a Dios, más bien hace referencia a que los hijos de Dios pueden hallar paz y felicidad en medio de las dificultades (Jn 16:33), sabiendo que cada cosa que Dios permite en nuestras vidas es para ayudarnos, gracias al perfecto sacrificio de Cristo.

¡Yo no veo que las dificultades me ayuden!

Esta es una afirmación natural que cualquier cristiano podría hacer al atravesar por adversidades en su vida, no obstante, el capítulo 8 de Romanos es enfático en señalar que gracias al amor de Dios, que se mostró en la cruz de Jesús, los verdaderos hijos de Dios, que lo aman, serán moldeados a la imagen de Cristo a través de cada suceso de sus vidas.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Ro 8:28, 29 (Énfasis mío)

Es por ello que es importante presentar nuestra vida a Cristo en oración y rendición total a su Palabra cada día de nuestra vida (Ro 12:1,2), pues todo el tiempo Él quiere transformarnos. Dios quiere cambiar nuestro corazón, quiere cambiar nuestros pensamientos, quiere cambiar nuestras acciones, quiere cambiar todo nuestro ser débil y pecaminoso, para hacerlo en semejanza de la preciosa y pura imagen de su Hijo Jesús.

Y si mis dificultades son consecuencia de mi pecado

Es verdad que en muchas ocasiones el problema que estamos pasando es consecuencia de haber desobedecido las Escrituras, pues el rey David perdió a su hijo por pecar contra Dios (2 S 12:14). Sin embargo, aun en medio de nuestras consecuencias Dios quiere mostrarnos su amor incondicional y su misericordia (1 Jn 1:9). Él quiere que nos arrepintamos de nuestros pecados y que lo busquemos poniendo toda nuestra esperanza y fe en el sacrificio de Jesús, pues en la cruz pagó el castigo que debíamos recibir por pecar contra Él (1 Jn 4:10).

Si estás atravesando adversidades, no dudes en acercarte a Dios, lee tu Biblia, ora a Dios por fortaleza, rinde todo tu ser y tu voluntad a Él. ¡Dios te ama! y quiere transformar ese horrible problema por el que estás pasando en algo hermoso, ¡Quiere hacerte semejante a Él!

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. 1 P 5:10-11.

Autor: Aldo Pérez

¿ES TU CRISTIANISMO CONTRA AGUA?

Como cada año desde 2007, Apple presentó su más nuevo iPhone en Septiembre de 2016. Una de las características más llamativas de ese nuevo producto era que por primera vez en la historia del iPhone, el teléfono sería “a prueba de agua”. Aunque en el mercado de la telefonía móvil ya había competidores que estaban ofreciendo este beneficio, Apple no había integrado esta capacidad en ninguno de sus dispositivos. Por fin, para todos los fans del iPhone, si el teléfono caía en en agua, o si era salpicado de agua u otra clase de líquido, no te preocuparía que el teléfono quedara dañado por siempre.

En un sentido espiritual, me pregunto si nuestro cristianismo también es “contra agua”. Cada día nos “sumergimos” en un mundo cuyo líder es Satanás (Jn. 14:30; 2 Cor. 4:4), sus tentaciones son vergonzosamente puestas delante de nuestros ojos (Gen. 3:1-5; Mat. 4:11; Luc. 22:31; 1 Tim. 3:7; Efe. 4:27; Apoc. 12:9), y nuestra carne y naturaleza pecaminosa grotescamente se opone a nuestra nueva naturaleza (Gal. 5:17; Rom. 7:20, 21). Vivimos en un mundo caído, obscuro y corrupto (Fil. 2:15) y constantemente necesitamos evaluar si estamos permitiendo que Satanás, sus tentaciones y nuestra carne “reinen en nuestro cuerpo mortal” (Rom. 6:12, 13).

Tenemos que meditar en nuestros caminos (Hag. 1:5) y pedir a Dios que nos muestre si estamos en el mundo “pero no somos del mundo”, o si estamos en el mundo y “ya estamos sumergidos en él”. Permíteme darte tres recomendaciones bíblicas para que tu cristianismo no se enfríe, no se desvíe y no se inunde en el océano de la obscuridad satánica y carnal de este mundo.

Resiste al Diablo

Así fue como comenzó todo, ¿no es verdad? El tentador—el Diablo—tentó a Eva a rebelarse contra Dios. A veces entendemos a las tentaciones como simples “trampas” que Satanás nos pone para “resbalar” en nuestro caminar cristiano. Pero esa idea está muy lejos de la realidad. En efecto, Satanás nos ofrece tentaciones que nos harán resbalar—pero es mucho más que eso. Las tentaciones son oportunidades para rebelarnos contra la autoridad y reinado de Dios.
El Señor Jesús categóricamente resistió diaria tentación por cuarenta días y cuarenta noches (Mar. 1:12, 13) no solo para demostrar que Él era el mejor Adán, el primogénito de la creación (Col. 1:15), sino también porque el caer ante la tentación de Satanás era una afrenta abierta contra su Padre.

​Cuando Pablo, Pedro y Santiago escriben acerca de las tentaciones, todos lo hacen de manera enérgica—¡no lo permitan! Es decir, ser tentado no es un juego, no puede tomarse a la ligera, y se tiene que estar preparado. A los Efesios Pablo les ordena, “no den lugar al Diablo” Efe. 4:27; a los Tesalonicenses les confiesa que tuvo temor que “el tentador los hubiera tentado” 2 Tes. 3:5; a los Corintios les escribió que temía que, “como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas” 2 Cor. 11:3, y a Timoteo le instruyó a que reprenda tiernamente a los que están en pecado para que si Dios lo permite, “vuelvan en sí y escapen de los lazos del diablo” 2 Tim. 2:26. Santiago escribe a los de la dispersión que, “resistan al diablo y huirá de ustedes”. Y Pedro describe a Satanás como un “adversario que anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” 2 Pedro 5:8.

"Caer en las tentaciones es caer en desobediencia"

El punto es claro y directo, reconozcan que tenemos un enemigo que hará todo lo posible para hacerlos caer, desviar, rebelarse contra nuestro Dios en un acto de desafiante oposición contra su reinado. Caer en las tentaciones es caer en desobediencia, en ingratitud y en inmoralidad espiritual.

Espera la esperanza bienaventurada

El Espíritu Santo ilumina nuestro entendimiento en Tito 2:11—13 para comprender cómo vivir en este mundo sin ser de este mundo. Pablo escribe:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús.”

Más claro no puede ser. Vivimos en este mundo esperando el retorno de nuestro Salvador a este mundo para que restaure este mundo. No estamos cómodos en este mundo, no abrazamos sus ideales ni sus impúdicas formas de rebelarse contra la santidad de Dios. Por el contrario, esperamos a Jesús porque sabemos que vendrá. Es una convicción plantada y arraigada en nuestra mente y corazón. Él dijo que vendrá por lo tanto nosotros lo esperamos como una novia lista para recibir a su esposo (Apoc. 22:17).

Esperamos diligentemente que llegue, que restaure y que reine por siempre. Nuestra esperanza bienaventurada lo cambia todo—radicalmente nos enseña que nada en esta tierra nos puede llenar. Somos de Jesús y Él es de nosotros. Nosotros no pudimos ir a Dios, por eso Él vino a nosotros. Y no podemos callarnos ni enmudecernos, con confianza proclamamos ¡maranata!—el Señor viene (1 Cor. 16:22).

Ama la Palabra de Dios

Para vivir en el mundo sin ser del mundo necesitamos la Palabra de Dios. Es su Palabra que nos “limpia para dar mucho fruto” (Jn. 15:3) y es su Palabra que nos da el crecimiento espiritual para resistir los embates del enemigo, el mundo y nuestros ojos carnales. Pedro escribe:

“Por tanto, desechando toda malicia, y todo engaño, e hipocresías, y envidias y toda difamación, deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación”, 1 Pedro 2:1, 2.

Nuestro crecimiento está en la Palabra de Dios. Nuestra lectura regular de las Escrituras fortalecen nuestro cuerpo y espíritu (Prov. 3:8) y nos equipan para vivir una vida fructífera y espiritual. No podemos imaginar ni por un segundo que encontramos felicidad fuera de su Palabra, y no podemos pensar que es normal para un creyente de Dios no leer su Biblia.

Lee tu Biblia, medítala, ámala, porque es solo en la Biblia que la mente de Dios se ha revelado al hombre. Dios te dejó una carta. Abre el sobre. Ponte cómodo y deja que su voz te maraville todos los días de tu vida—por lo menos hasta que tus ojos le puedan ver cara a cara y luego “morar en la casa del Señor por largos días” (Salmo 23:6).

Autor: Josué Ortiz